ESCRITURA CINEMATOGRÁFICA. 3)LOS PERSONAJES

Algo que me gusta trabajar tempranamente son los personajes. Reflexiono y escribo sobre ellos desde el principio, sobre todo los protagonistas. Esto es bastante común en el proceso de escritura de la mayoría de los y las guionistas, donde el desarrollo de personajes se suele hacer a la par del trabajo de la historia (trama, estructura, etc). Sin embargo, hay películas que dedican un empeño más exhaustivo en ellos (escribí sobre este tipo de cine en una entrada anterior, en la que hablo de Nuri Bilge Ceylan como referencia para uno de mis proyectos; pueden leerla aquí), y se diferencian de otros films que se centran en la trama. A mí me gusta mucho ese estilo de guiones y por eso considero fundamental el trabajo de desarrollo de personajes desde el inicio.

Pero, partamos de la base de que toda película, sea cual sea su naturaleza, debe tener personajes que cobren vida por sí solos, que estén dibujados desde el propio guion. Se nota mucho cuando no tienen dimensión, son un cartón, una pancarta. Obvio que esto no sólo es tarea de la escritura, el trabajo de la actriz o actor y el director/a en el personaje son fundamentales. Aunque, de todas formas, desde el inicio, ya en el propio guion, tienen que estar bien desarrollados. En un buen texto de escritura cinematográfica los personajes viven en el papel.

Diego Bianchi y Mónica Ducuing en DISCO (2012)

Pero, ¿cómo hacemos para lograr esto?
Como siempre digo, nada está escrito en piedra, ni es una receta para el éxito, pero una de las cosas que se suele subrayar es que hay que dotar al personaje de iniciativa. Tiene que ser activo, y esto es importante porque ellos son el motor de la historia. 

Aunque estoy de acuerdo en que esto de la iniciativa es algo a tener en cuenta, no lo siento como algo imprescindible. ¿Qué pasa si quiero que mi personaje tienda a una actitud pasiva? Yo he escrito sobre seres así, miedosos y pusilánimes. Lo que puedo decir en esos casos, es que hay que saber muy bien que estamos trabajando ese tipo de personalidad, para tener la destreza de igualmente hacer avanzar la historia y mantener la fuerza narrativa. Siento que, en mi caso, lo que he hecho en algún punto, es que estos personajes pasivos igualmente traten de luchar por algún objetivo concreto, que tengan un deseo, y haya una lucha interna en su interior.

Lo que me gusta de estos personajes es que tendemos a identificarnos mucho con ellos, a sentirlos cercanos, porque son muy parecidos a nosotros. Cuando tienen gran iniciativa son grandiosos para hacer avanzar la historia, como los protagonistas de las películas de superhéroes, pero están lejos de nuestra realidad, y por eso son ideales para ciertos géneros y tipos de films. Para películas más intimistas y de personajes, como las que nombre anteriormente, no funcionan esas características.

Otra cosa a tener en cuenta es la transformación. Es bueno que los personajes sufran cambios a lo largo vivan los acontecimientos de la trama, que haya una evolución en ellos (ya sea para bien o para mal). A veces, en ciertos protagonistas se produce un cambio rotundo en el trayecto de la historia, circulan de un punto A a un punto B y sufren una gran transformación. Esto también tiende a estar relacionado a films de género. Las películas más naturalistas suelen ser más sutiles, los sujetos no pasan de ser pusilánimes a salvar el mundo; pero siempre habrá una evolución, si no, no hay película.

Todo esto como la iniciativa, los deseos, la transformación dotan a los personajes de complejidad, y eso es la clave, sea cual sea el tipo de película. Y una cosa fundamental para complejizarlos son las contradicciones. Todas las personas de carne y hueso las tenemos, y tal vez cuanto más fuertes sean esas contradicciones más complejas resultamos. Las cosas no son blancas o negras, y rara vez resultan sencillas. Por eso los personajes planos, estereotipados, terminan por aburrirnos. No suelen gustarme mucho esas películas donde quién es buena es toda buena, y quien es malo es completamente malo. Los matices nos acercan a la realidad, y las contradicciones -mientras sean verosímiles- son parte de esto.

Patricia Bermúdez y Ricardo Muñoz Senior en LO QUE FUE (2018)

Una de las formas para trabajar todas estas cuestiones relacionadas a los personajes son los perfiles. Se trata de escribir de cada uno (principalmente de los protagonistas) sobre los aspectos físicos (rasgos, gestos, modos, etc), sociales (profesión, relaciones sentimentales, familia, amistad, etc) y psicológicos (personalidad, traumas, miedos, virtudes, defectos, etc). También se escribe sobre su pasado (experiencia previa), el presente (aquí se encontraría el momento de la historia de nuestro guion), y su futuro (que espera y desea el personaje, objetivos y metas). Existen muchos tipos de esquemas para realizar “perfiles de personajes”. Muchos manuales de guion proponen diferentes fichas, y cada guionista usa la que mejor le acomoda. Y hay que decir que no toda/o guionista la utiliza. Para mí es una herramienta fundamental y la uso desde el principio. Como dije, me es muy importante saber mucho sobre mis personajes antes de ponerme a trabajar las escenas, aunque la mayoría de lo que escribo sobre ellos nunca se verá reflejado en la película, me sirve para que él o ella cobren vida: será mi guía para la escritura de las situaciones que forme parte, porque eso que no se ve, igualmente existe en toda la dimensión del personaje.

Por último, me gustaría alentar a que no se descuiden los personajes secundarios. Es cierto que no hay que ser exhaustivo con ellos, yo no lo soy, pero sí trato de no descuidarlos. Ellos también tienen que vivir por sí mismos. Es feo verlos completamente a disposición del protagonista (a pesar de que existan, en cierto modo, para eso). Los personajes menores son protagonistas de su propia historia, y deben tener su deseo, iniciativa, sus contradicciones y hasta su pequeño arco de transformación.

ESCRITURA CINEMATOGRÁFICA. 2)LAS IDEAS

¿Cómo o desde dónde empezamos a escribir un guion cinematográfico?

A veces parece que lo más difícil es arrancar. Y sí, porque es uno de los momentos de más duda e incertidumbre (aunque con estas sensaciones hay que convivir en todo el proceso, incluso -como es mi caso que dirijo muchas veces mis propios guiones- cuando nos metemos en la realización).

Yo trato siempre de ir anotando ideas. Aunque sean malas, si por alguna razón me motivan, las anoto. Por eso recomiendo, para quien le interesa escribir cine, llevar siempre una libreta, o tener a mano algo donde anotar ideas. Yo hago eso, y voy anotando cosas en cuadernos que luego reviso. Lo más interesante es que muchas ideas que uno anota quedan resonando por sí solas, vuelven y se te ponen adelante cuando quieres encarar un nuevo proyecto de guion.

Pero, ¿de dónde saco una idea? Bueno, se suele decir mucho 3 cosas: que hay que utilizar la imaginación, buscar en la propia experiencia de vida, y/o inspirarse en otras obras (literatura, teatro, cine, foto, etc). Puede ser verdad, pero sí es cierto que tampoco se encuentran buenas ideas así nomás. Por eso para mí el punto no es encontrar ideas que sean buenas sino que nos vibren por alguna razón, que nos generen alguna motivación. Eso es lo que hay que buscar: no algo bueno, sí algo que te mueva, te emocione. Si eso está en tu propia vida, en tu imaginación, o en una película o novela, ya no importa, lo importante es estar con los ojos abiertos -y los oídos- en la misma vida cotidiana.

Y no hay que olvidar que no es necesario vivir circunstancias extraordinarias para contar grandes historias; entiendo que, seguramente, si se sufre en carne propia una guerra, se tendrá un gran potencial narrativo, pero muchas veces, como dice Murakami en De qué hablo cuando hablo de escribir, se puede extraer una fuerza sorprendente de experiencias aparentemente pequeñas.

Ahora, la realidad es que las ideas, en principio, no son -casi- nada para hacer un guión. Son potenciales historias pero no son historias aún. Una idea es una anécdota, una imagen potente, un diálogo, una emoción, un personaje… Es un disparador.

Entonces, el primer trabajo con la idea es transformarla en una historia. Por eso la trato como a una semilla que hay que regar: eso sería reflexionar sobre ella (siempre escribiendo), investigar, documentarse o buscar información si lo amerita; buscar referencias u otras obras que se parecen (todas las ideas se parecen a otras y parte del trabajo es separarse -si uno quiere-).

¿Cuándo una idea se convierte en una historia? Me doy cuenta que he logrado evolucionar mi idea a historia cuando, aunque sea, tengo un personaje y un posible conflicto dramático con intensidad emocional. Eso en principio tiene potencial narrativo. Luego seguiré trabajando para ir complejizando y dándole dimensión (pero ya escribiré sobre eso en otras etapas del proceso de escritura en próximas entradas).

Al comenzar, siempre soy muy básico, y es difícil no caer en la desmotivación y rechazar ideas. Pero lo importante es empezar, aunque sea básico, pero empezar. Y eso es algo parecido al consejo de anotar hasta las ideas malas: escribir con dudas es algo que aconsejo para todo el proceso. Siempre es mejor escribir. Por lo menos yo funciono así, escribo cosas malas (o que no me gustan tanto), para luego corregirlas, mejorarlas, eliminarlas por mejores ideas. Pero la cuestión es no frenarse, hay que intentar todo el tiempo que la rueda gire. Si el día que se te ocurren ideas que consideras malas no escribes, la rueda no gira, y no se avanza nada. Además siempre las primeras ideas son malas, supongo que nadie escribe un guión de principio a fin sin corregir o probar ideas que no resultaron. Y hay que estar tranquilo/a que lo que es malo no va a permanecer, no va  sobrevivir al proceso.

ESCRITURA CINEMATOGRÁFICA. 1)PRIMER ACERCAMIENTO

Cada guionista tiene sus propias formas y encara el trabajo de escritura como mejor le funciona. A pesar de esto hay muchos libros de guión y manuales que intentan universalizar la manera de llevar a cabo el proceso. Afirman que si sigues ciertos pasos llegarás a hacer un buen guion. Dudo que eso sea cierto.

Algunos libros hasta sostienen que un guion “sólido” debe tener cierta cantidad de páginas, y te recomiendan dónde colocar ciertos elementos de la trama. Por ejemplo, suelen decir que un largometraje debe tener 120 páginas, y en la número 10 debería ir el detonante, en la 30 un primer punto de giro, 60 punto medio, 90 segundo punto de giro… Cosas de ese estilo. Como si fuera una receta a seguir.

También, la enseñanza académica y los manuales de guion tienden a esquematizar la metodología. Dicen que primero hay que encontrar la idea; luego escribir un storyline (5 líneas de la historia); después una sinopsis (1 carilla); más tarde hay que hacer la escaleta (describir cada escena en una o dos lineas de todo el guion); y finalizar con un tratamiento (entre 20 y 40 carillas contando la película de principio a fin de una forma bastante literaria) antes de ponerte a escribir el guion propiamente dicho. (No me voy a explayar en cada una de estas herramientas, tal vez en otra entrada, pero hay mucho material donde se puede profundizar, desde libros hasta internet).

Como dije antes, dudo que estas reglas o metodologías sean la clave para escribir un buen guion. Aunque tampoco me animo a decir que no sirven para nada. Son herramientas, se pueden usar y te pueden servir. En todo caso, siempre mejor saberlas y aliento a estudiarlas, pero no a casarse con ellas.

Por mi parte, estudié mucho guion. Tuve una formación académica, hice cursos y leí varios libros. Y entender las reglas y guías prácticas me ha servido para utilizarlas en diferentes proyectos y encontrar mis propias formas. Lo que no recomiendo nunca es tomarlo como receta. Ahí sólo conseguirás ahogarte.

Yo no suelo seguir las normas a rajatabla. Por ejemplo, sí suelo escribir una especie de sinopsis (bastante libre) en las primeras instancias de desarrollo de ideas e investigación. También, llegado algún momento hago la escaleta para estructurar mi historia antes de pasar a hacer el guion. Pero, la mayoría de las veces no hago tratamiento, paso de la escaleta al guionado directamente.

De todas formas, más allá de lo que te resulte mejor para llevar adelante tu escritura, siempre es bueno, aunque sea al final del proceso, realizar tanto el storyline, la sinopsis, escaleta y el tratamiento. Aquí ya no como herramientas para el desarrollo, sino como formatos argumentales que te servirán como instrumentos comerciales, para entregar a productoras, realizar carpetas de proyectos, concursos, y ese tipo de cosas.

Cuando hablo de metodologías, y aunque sería resumirlo muchísimo, a mí lo que mejor me funciona es lo siguiente: trato de ir cuanto antes a la escritura de la primera versión del guion, e intento escribir de principio a fin, lo más rápido y espontáneo posible, sin pararme a corregir ni una coma. Luego, sí revisar y corregir arduamente, una y otra vez, para perfeccionarlo hasta lo que más pueda.

La idea de esta entrada -y algunas más que quiero ir haciendo sobre la escritura cinematográfica- es contar un poco mí metodología en el desarrollo de guion. Lo haré desde mi lugar y experiencia, la intención es contarles cómo yo trabajo, y qué es lo que mejor me funciona a mí. Esta, por ser la primera, es apenas un acercamiento, un pantallazo, la idea es ir profundizando en ciertos aspectos, hacer una entrada sobre la trama, otra sobre cómo trabajo los diálogos o los personajes, etc.

EXPRIMIDA. Trabajar temprano el guion técnico.

El guion literario de una película es una herramienta de la escritura cinematográfica despojada de elementos técnicos de producción y puesta en escena. Digamos que su principal objetivo es la narración, contar la historia, y poder visualizar la película. El guion técnico, por su parte, es una herramienta posterior, mucho más cercana a la fase de producción. En ella sí se anotan minuciosamente cuestiones de puesta en escena, como indicación de cámara, los movimientos de personajes en el espacio, etc. Suele haber muchas formas de hacer un guion técnico, y depende de cada director/a, pero la más común es la que detalla uno a uno cada plano que se rodará de cada escena.

A muchas y muchos cineastas no les gusta trabajar con guion técnico, prefieren hacer sólo marcas en el guion literario, y hasta afirman que van en blanco al set e improvisan la puesta de cámara según lo que les inspira el momento (por lo menos eso es lo que dicen). Pero es cierto que la mayoría que emprende la filmación de una película lo utiliza. Para mí es una herramienta fundamental y me gusta trabajar tempranamente con ella, utilizarlo desde el comienzo de la preproducción. Me resulta muy importante para poder planear las otras necesidades como el presupuesto, el plan de rodaje, etc.

Mis primeras versiones de guion técnico son muy libres y -digamos- desprolijas. Sí comienzo con anotaciones al margen del guion literario, escribiendo sobre en dónde pondría la cámara, o especificando que lente usaría para determinada acción, si habría movimiento o sería fijo, todo de forma bastante rápida e intuitiva. Luego hago algunas «plantas» (estos son dibujos de los espacios vistos desde arriba, que permiten entender rápidamente, y de forma muy visual, como se resuelve una escena, con cuantos planos, etc). Ahí empiezo a imaginar la puesta en escena, como se mueven los personajes y la cámara. También algunas veces llego a hacer algunos dibujos (que luego pueden terminar siendo parte del storyboard, aunque no siempre trabajo con ellos). Finalmente paso todo en limpio y hago el guion técnico final.

Esto es muy práctico tanto para mí como para el resto del equipo.

Hacer el guion técnico tan temprano es entender que puede sufrir cambios, y es estar preparado para eso. Puede ser muy contraproducente aferrarse a lo que uno imaginó y luego encontrarse que esas condiciones no son las mejores. Por ejemplo, sucede mucho a la hora de hacer el scouting. Aunque se buscan las locaciones intentando que cumplan con la puesta en escena que uno imagina, muchas veces te encuentras con la locación ideal por otros motivos (ya sea que es increíblemente visual, o por que es la que cumple perfecto con la paleta de colores, o el sonido, o hasta porque en términos de producción es la que resulta más conveniente). Ahí es bueno estar abierto y pensar en hacer las modificaciones pertinentes si éstas no se adaptan 100% al guion técnico. Lo mismo sucede cuando ensayas con actores, empiezas a encontrar que ciertos movimientos de personajes no son acertados u otros son mejores, o que tal plano no suma y tal otro sería mucho mejor, y así con todas las decisiones de la preproducción.

Por este motivo, el guion técnico es una guía fundamental pero está completamente abierta a modificaciones.

Como dije antes, pienso diferente a los directores y directoras que afirman no hacerlo para no cerrarse, y que prefieren improvisar porque esa libertad en el set les da mucha más frescura a la puesta en escena. Una de ellas es Lucrecia Martel (a quien admiro muchísimo), y que dice que plantea su puesta a partir del sonido. Ella llega al set sin saber dónde pondrá la cámara, pero previamente estudió muy bien como quiere que suene la escena. No hay duda que esto funciona completamente para ella que es una genia, se nota con sólo ver alguna de sus películas. Sin embargo, yo no creo perder nada de frescura ni poder de improvisación por hacer un guion técnico. Al contrario, haber hecho los deberes antes, como tener planeado donde pondré la cámara, me permite -en el rodaje- no tener más que pensar en nuevas posibilidades o en cambios oportunos. Ahorrar el tiempo en pensar la puesta en escena en set, en definitiva me da la posibilidad de probar cosas nuevas.

EXPRIMIDA. Explorar los por qué.

Como comenté en mi anterior entrada, he retomado el trabajo de corrección de guion de Exprimida, y siento que llegué a una versión bastante más acabada. He mejorado varios aspectos como los personajes y los diálogos, también he trabajado las escenas para conseguir reforzar su aspecto visual -contar lo máximo posible con imágenes-. Además, he fortalecido aún más la escritura, tanto desde el formato, pasando por las descripciones, hasta apuntalar el ritmo, el tono y la atmósfera que pretendo impregnarle.

En entradas anteriores describí un poco la trama. Era algo así: Camila, que la acaban de echar del trabajo y tiene serios problemas económicos, visita la casa de sus padres con la intención de pedirles dinero prestado. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla, hace tiempo no los ve, y la relación con su padre es fría desde varios años atrás.

También mencionaba que en un momento Camila se plantea la posibilidad de robar el dinero de los ahorros de su madre.

Pero lo que no había mencionado era la razón de la tensión entre padre e hija, el porqué de su relación fría. La cuestión es que Oscar (el padre), años atrás, había puesto muchas expectativas en que su hija fuera un jugadora de tenis profesional. Ella tenía talento, condiciones y futuro, pero sin embargo decidió no seguir jugando al tenis, y rechazó -en un momento clave- participar de un importante torneo juvenil. Eso desilusionó completamente a Oscar.

Confieso que aún intento descubrir de qué va el guion. ¿Debería saberlo ya? La verdad que no necesariamente. Soy de los que piensan que un guion te tiene que provocar ganas de contar esa historia que contiene, aunque no sepas bien que es lo que se quiere expresar. Justamente, a veces, la idea es ir descubriéndolo en el proceso, ir entendiendo de qué va el proyecto a medida que se va haciendo. Ya habrá tiempo de entender que es eso que a uno lo apasiona del texto.

Alguna vez dijo Almodovar que el cine es exploración, que hace películas para descubrir cosas por sí mismo, y que nunca sabe explicar de qué va la película hasta que la acaba. Algo parecido piensa David Cronenberg, quien afirma no saber que le atrae de un proyecto y sólo cuando se encuentra haciéndolo es cuando logra entenderlo. O, por último, Wim Wenders, que dice que hay dos formas -o razones- de hacer cine. La primera es tener una idea muy clara y con eso ir a hacer la película. La segunda, por el contrario, es hacer el film para descubrir lo que estás tratando de decir.

Hoy estoy bastante lejos de la respuesta a: ¿por qué escribí esto? o ¿por qué tengo ganas de filmar esto? Sólo sé que quiero hacerlo, que hay algo que me atrae, y sobre todo sé que hay cosas por descubrir, y aprender. ¿Acaso querré hablar del resentimiento que existe entre padre e hija, porque uno no cumplió las expectativas del otro? ¿O será reflexionar sobre la situación de cuando un padre pone en sus hijos expectativas propias, sin intentar entender que es lo que este verdaderamente quiere? ¿O tal vez quiero contar la historia de una chica que está pasando un mal momento económico y tiene vergüenza que se sepa su situación? ¿O una joven confundida sobre si hizo bien, en el pasado, en seguir su instinto de oponerse al deseo del padre, aunque se siente frustrada porque tampoco pudo encontrar un camino nuevo? 

Estás son algunas de las cuestiones que se me pasan por la cabeza, aunque no tengo la respuesta. Por ahora no hay una que pese sobre otra, eso es algo que tendré que descubrir, y tal vez para eso necesitaré avanzar con este proyecto.

EXPRIMIDA. Corrigiendo un poco el guion.

Algo bastante normal del proceso de pre-producción, es sentir, al leer el guion, que aún no está cerrado, que se puede seguir trabajando y mejorarlo bastante (sobre todo cuando tomas un guion recién salido del horno).

Con Exprimida, pienso que hay varias escenas que tienen situaciones forzadas, que no se sienten naturales. Está bien que un diálogo dicho por un personaje sirva para llevar la narración hacia el lugar que uno necesita, o develar cierta información trascendente, pero la gracia está en crear las condiciones para llegar de forma orgánica a ese momento donde el personaje dice lo que dice. Ahí está el trabajo, en ser sutil, y que todo fluya naturalmente. Y en estos casos nada tiene que ver el “cómo” está escrito el diálogo en sí (que también es importante para que suenen naturales), sino en «dónde» y en «qué» momentos son dichos.

Si bien en el guion de Exprimida estos diálogos están justificados, podrían trabajarse las escenas para que se desprendan mucho más puros.